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Testimonios de personas suicidas
“Yo sobraba en el mundo…”: testimonio de una aspirante a suicida
MÉXICO, D.F. Julieta D.
ya tenía el método para suicidarse. Cerró la puerta de su casa y después la de
su cuarto. Bajó cortinas y ventanas. Cortó toda comunicación con sus seres
queridos y el exterior.
Tenía 25 años. Apagó
internet, canceló su teléfono celular, desconectó la radio y televisión, y sólo
dormía. Abandonó familia, amigos y trabajo; hasta el día en que descolgó el
espejo de su cuarto para que de ella: “Ni siquiera quedara un reflejo”.
Julieta no quería verse
duplicada: “Conmigo bastaba y sobraba. Me cerré al mundo. Yo sobraba en él”,
dice.
Abandono: es la palabra
que podría definirla. Para Isabel Stange Espíndola —profesora investigadora de
la Facultad de Psicología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
(BUAP)—, Julieta ya presentaba claras señales de ideas suicidas. La experta lo
llama: Ideación suicida. “Definimos ideación suicida como todos aquellos
pensamientos intrusivos y repetitivos sobre la rehurte autoinfringida, sobre
las formas deseadas de morir y sobre los objetos, circunstancias y condiciones
en que se propone morir”, precisa.
“Yo sentía que al
suicidarme no dejaría ningún hueco en la familia y mis amigos. Me sentía tan
insignificante que ni siquiera mi muerte hubiera importado para ellos. Mi
ausencia daba igual. Es más… todos se hubieran alegrado de mi muerte, porque yo
estorbaba”, dice Julieta a EL UNIVERSAL.
“Mientras estaba en mi
trabajo o entrenando en el gimnasio comencé a sentir que mis compañeros ya no
me hablaban. Y cuando se juntaban a conversar, yo sentía que hablaban mal de mí
y contra mí. Comencé a escuchar que sus voces conspiraban en mi contra. Yo
tenía cierto grado de esquizofrenia”.
Julieta dejó de asistir
al gimnasio que frecuentaba. Dejó el trabajo. No se bañaba. No se cepillaba los
dientes. No se depilaba. Maquillarse ni pensarlo. Peinarse, aún menos.
Eligió la hora para
hacerlo. Ya había investigado cuanto tiempo tardaría en morir. Quería una
muerte rápida, contundente, definitiva y sin sangre. Llamó a su madre el día
que ideó el suicidio e iba hacia éel: “Madre. Siento que no soy suficiente ni
para ti, ni para nadie. Siento que sobro. Me voy. Quiero estar muerta”, le
dijo.
En ese momento la
respuesta de su madre fue decisiva: “Tú eres suficiente, y me duele mucho que
pienses lo contrario. Permíteme ir a verte”. Fue algo que difícilmente ocurría,
pues ella pasaba todo el día trabajando, y pocas veces le prestaba atención.
La doctora Lourdes
Eguiluz, profesora e investigadora de la UNAM, comenta que “la familia donde
participa el sujeto puede ser un disparador o un contenedor de la conducta
suicida. Algo está ocurriendo en las grandes ciudades como Tokio, Nueva York o
México donde la gente recurre al suicidio como una forma de escapar a
situaciones difíciles, que tiene que ver probablemente con la situación
económica, pero también tiene un correlato social”, agrega.
Julieta narra que sus
padres le decían que hablara rápido “y les dijera lo urgente pues debían
continuar trabajando”. Y argumenta: “Yo iba hacia el suicidio y lo organicé,
precisamente porque eso sí hubiera sido urgente en sus vidas (de su madre y
esposo), y los hubiera obligado a voltear hacia mí y prestarme atención”.
Licenciada en Psicología,
había trabajado durante su servicio social, precisamente con familiares de
personas que se han suicidado. Escuchó durante mucho tiempo, y por su
profesión, lo que significaba perder a un hijo o una hija. Algo le decía que
ella no debía causarle ese tipo de daño irreversible a su madre al quitarse la
vida. A su padre lo menciona poco durante su testimonio.
Después de hablar con su
madre, y escuchar “que ella sí importaba” guardó su método de suicidio, y a la
mañana siguiente decidió pedir ayuda con una siquiatra. Intentó salir de casa,
pero no lo logró. Fue el terapeuta quien accedió asistir a verla.
Hoy, con 26 años, ella
labora con grupos de padres de familia que intentan superar la muerte de sus
seres queridos por suicidio. Está de regreso al mundo cotidiano. Volvió a
contactarse con su familia y amigos después de una intensa terapia, y
recomienda a los padres de familia que no abandonen a sus hijos, por más
trabajo que puedan tener.
“Los padres no deben
llegar al extremo de que los hijos sientan que no importan ni como hijos ni
como personas”, recomienda.
Hoy, después de un
intenso trabajo psiquiátrico y el apoyo de sus padres, Julieta siente que ya no
estorba. Fue dada de alta; y volvió a colocar el espejo de su cuarto y ya puede
mirar su reflejo en él.
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Welcome
Les doy la bienvenida a
mi blog en donde podrán encontrar todo sobre lo que piensan y sienten las
personas con pensamientos suicidas,
pueden dejar comentarios o seguirme en mi twitter …..https://twitter.com/juliethsalgado1
Gracias. LOS QUIERO MUCHO
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